La polémica retracción de los trabajos de Max Planck: ¿Aplicar normas modernas a la historia de la ciencia?
Una decisión inesperada por parte de una prestigiosa publicación científica ha encendido las llamas de un debate que trasciende los anales de la historia. El Journal of Chemical Physics, coordinado por Springer Nature, retiró recientemente dos artículos del físico teórico Max Planck, publicados en la década de 1940, lo que ha levantado interrogantes sobre la pertinencia de imponer estándares actuales a documentos históricos. ¿Qué hay detrás de esta controversia y por qué divide a la comunidad académica?
Planck, reconocido por su contribución al desarrollo de la teoría cuántica y cuya obra sigue siendo referida en estudios de Ciencia y Espacio, no fue objeto de denuncias por plagio o errores metodológicos. Al menos, no directamente. La decisión se enmarca en una política de Springer Nature que prohíbe la duplicación de contenidos (duplicate publication) incluso en casos históricos. Según analistas, sin embargo, la publicación de artículos similares o repetidos era una práctica habitual en la primera mitad del siglo XX, cuando la prioridad era la difusión global del conocimiento, no la protección de derechos de autor.
La comunidad científica de entonces operaba en un contexto fragmentado: barreras idiomáticas, limitaciones tecnológicas y una cultura académica que valoraba más la velocidad de difusión que la originalidad estricta. En esa era, un físico como Planck podía presentar el mismo trabajo en congresos, revistas y libros sin que ello constituyese un problema. Hoy, en un ecosistema dominado por gigantes comerciales como Springer Nature, Elsevier o Wiley, la cuestión de la duplicidad se ha convertido en un tema de vital importancia para la evaluación del impacto científico, el financiamiento y la carrera académica.
El asunto se complicó aún más cuando Springer Nature prohibió la publicación de un artículo del editor del medio, Scarlata, que pretendía abordar el caso con una perspectiva histórica. La editorial se limitó a afirmar que los detalles de las retracciones son confidenciales. Esta postura, sumada a la imposibilidad de aclarar el tema con Planck —fallecido en 1947—, ha generado críticas por parte de investigadores como Yves Gingras y Maël Khelfaoui. En un preprint, ambos argumentan que la eliminación de los trabajos distorsiona el registro histórico de la ciencia, especialmente cuando estos textos están en dominio público y accesibles a través de archivos digitales como Internet Archive.
“Quien haya hecho el retraigo, me da igual”, declaró Gingras a Science. “Pero vuelvan a incluirlos en la base de datos. Desde el punto de vista intelectual, no es aceptable”. Sus palabras reflejan una preocupación creciente: ¿hasta dónde deben llegar las políticas de publicación para no borrar el pasado?
La cuestión no es nueva. Desde hace años, figuras como Einstein o Curie han sido objeto de retracciónes por duplicidades, pero siempre en contextos contemporáneos. Aplicar esas mismas reglas a piezas centenarias, cuyos autores no pueden responder, plantea un dilema ético. ¿Es justificable exigir transparencia a un sistema que, en su momento, no la valoraba? ¿O se trata de una forma de sanitizar el legado científico para cumplir con estándares actuales?
Mientras el debate continúa, los trabajos de Planck permanecen disponibles en línea, pero su ausencia en las bases de datos oficiales de la revista ha generado un precedente que podría afectar a otros casos históricos. Para muchos, la solución no es ocultar el pasado, sino contextualizarlo. La ciencia avanza, pero no debe hacerlo a costa de su memoria.


